jueves, 15 de enero de 2009

¿Todo depende del cristal con que mires?


Muy interesante encontrarme con dos notas con opiniones totalmente contrapuestas sobre un mismo fenómeno: el moviento zapatista liderado por el Subcomandante Marcos. En un caso, José Saramago, afirma que "A pocas personas he admirado tanto en mi vida, de poquísimas he esperado tanto. Nunca lo he dicho por la simple razón de que estas cosas no se dicen, se sienten y por ahí se quedan"; asimismo, señala que durante el último año, "Marcos ha guardado un silencio total, nos dejó huérfanos de aquellas palabras que solo él sabe decir o escribir. Sentimos su falta [...] Marcos, hace pocos días, anunció para el año que entra una nueva estrategia política. Ojalá, si la antigua ha perdido las virtudes. Ojalá, sobre todo, que no vuelva a callarse. ¿Con qué derecho lo digo? Con el simple derecho de quien no abandonó. Sí, de quien no abandonó".


Contrariamente, Edmundo Paz Soldán, ha dicho que estuvo "en el festival zapatista de la Digna Rabia. Me pareció una suerte de Woodstock global: hippies, mochileros, activistas, representantes de ONGs, punks e indígenas convocados en Chiapas para defender un cambio social pacífico (Otro Mundo es Posible: ¿a quién se le ocurren estos slogans, tan ingeniosos?)". Es más, señala que "a quince años del alzamiento del EZLN, las comunidades indígenas en Chiapas se hallan más pobres que antes. El movimiento zapatista logró concitar la atención hacia las condiciones de extrema desigualdad de la región, pero no logró muchos cambios concretos. ¿Cómo se puede conseguir una sociedad más justa, cuando la infraestructura es tan precaria? Las armas no han ayudado, y tampoco el desarme". Y por último, concluye que pasó el cuarto de hora de los zapatistas. "Conmueve su causa, pero ahora son vistos como un detalle pintoresco; la gente es indiferente a sus reclamos, los encuentra algo ingenuos, reliquias de un tiempo pasado: los noventa se fundieron con los sesenta".

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