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lunes, 14 de diciembre de 2009

La corrupción más allá de la percepción

Hace unos días escribí un post en el que hacía referencia al recientemente publicado índice de percepción de la corrupción. Pues bien, hace unos días pude leer un artículo de opinión publicado en el diario El País de España por Emilio Sánchez Ulled, titulado La ciénaga de la corrupción. En dicho artículo, el autor, presidente de la Unión Progresista de Fiscales y fiscal Anticorrupción en Barcelona, explora y trata de describir el terreno real de la corrupción, aquel que trasciende el terreno de la pura percepción.
Comienza su artículo con un golpe contundente: "Hemos asistido al afloramiento de repugnantes ejemplos de corrupción pública, germinados en esa zona en la que confluyen el desarrollo de las políticas públicas y la actividad económica privada, zona que corre el riesgo de convertirse en una auténtica ciénaga". Desde el inicio nos manifiesta que eso que él llama ciénaga se ubica en la zona en que se intersecan las políticas públicas y la actividad económica privada. Es decir, no se trata de un patrimonio exclusivo del sector público, sino que, por el contrario, es un constructo producido por la "colaboración" de funcionarios corruptos y agentes económicos privados corruptos también, en la que se comprometen una serie de intereses de alto nivel.
Sánchez concluye que "estamos ante un fenómeno que va más allá de la tradicionalmordida, es algo distinto y más sutil. Algo que presenta dimensiones cualitativa y cuantitativamente muy peligrosas y, desgraciadamente, también cierta vocación estructural. Se trata de corrupción de alto nivel, de la utilización ilícita de las potestades, la información -privilegiada- y los recursos públicos para aplicarlos a finalidades particulares, individuales o corporativas, propias o ajenas, siempre en perjuicio del interés general. No es algo que deba sorprendernos especialmente a estas alturas del desarrollo político-social, pero lo cierto es que hasta ahora su verdadera magnitud resultaba inversamente proporcional a su visibilidad para los ciudadanos". Ojo, se trata de un país europeo, ubicado en el puesto 32 del Índice de percepción de la corrupción. Y, de manera concluyente, este Fiscal nos manifiesta que esta faceta nueva de la corrupción es, en términos generales, imperceptible para la población.
Es más identifica algunas formas en que se presenta este nuevo fenómeno: "Ya conocemos prácticas que son verdaderos "clásicos" en la materia: la facturación por servicios inexistentes o descaradamente inútiles -informes o estudios, por ejemplo-; la interposición de sociedades pantalla destinadas a hinchar o rellenar los costes de una determinada actuación pública, o a justificar una subvención; el desvío de dinero público a entidades -muy señaladamente fundaciones- vinculadas a formaciones políticas y a su puro servicio más que al de las finalidades formales de aquéllas; la degeneración de los convenios de colaboración entre entidades públicas y privadas -urbanísticos, por ejemplo- a fin de encubrir simples procesos de enriquecimiento".
En este tiempop el Perú tiene una nueva oportunidad para despegar. Estemos atentos para que la corrupción no gane espacio y sea la verdadera beneficiada.

martes, 8 de septiembre de 2009

¿Miseria moral en el Perú?

Que la señora Keiko Fujimori tenga serias posibilidades de ser electa Presidenta de la República bastaría, creo yo, para tener completa una radiografía moral del país. Claro, lo que esa radiografía mostraría es una situación miserable por la que el lema "no importa que robe, pero que trabaje". Y si son 24 horas al día (esa falacia con que su padre demostraba su espíritu oriental), qué mejor.

Se ha publicado la última encuesta del Instituto de Opinión Pública de la Pontificia Universidad Católica del Perú sobre corrupción. Esta encuesta está hecha en Lima, lo cual, creo yo, hace de los resultados algo más previsible, pues estamos hablando nada más que de la capital de la cultura "criolla", donde justamente es bien vista la cultura del "pendejo". Sería importante contrastar estos resultados con los que pudiera tenerse en otras ciudades del Perú en las que, a pesar de la influencia limeña, pienso que aun quedan rezagos de una cultura más inspirada en la confianza en el otro.

"¿Cuán honesto diría usted que es el peruano? Esa es una pregunta que tiene una respuesta que puede ser terriblemente cruda: 59% de los limeños piensan que el peruano es poco honesto y el 14% dice que es nada honesto. Ambas respuestas, de carácter negativo, suman el 73% del total de encuestados". Lima como juez moral del Perú, tremenda paradoja que el centralismo no permite resolver.

El cuadro es dramático. Beatriz Boza manifiesta que "Los jóvenes peruanos son más optimistas que la situación de la corrupción puede cambiar, pero ese optimismo según la encuesta decae con los años. De la misma manera, 55% de los encuestados consideran que sí es posible trabajar en política y no ser corrupto, mientras que hace dos años 64% creía en eso. Parece que en nuestra sociedad, con el tiempo, con la edad, perdemos confianza en que podemos cambiar las cosas".

Finalmente, Susana Frisancho plantea el tema desde la perspectiva del individuo: "Todo ello se ve afectado por nuestro contexto, que nos hace difícil ser honestos, pero creo que siempre hay otras formas u otros mecanismos para actuar y decidir, y por último, te quedara tu dignidad intacta, si es que eso tiene algún valor para ti. Pues al final, el problema es ese, ¿tu dignidad tiene algún valor para ti?, ¿qué tipo de ser humano quieres ser?, y en base a esas respuestas, uno debe intentar que sus acciones vayan en la línea de lo que se quiere ser".

Algo que me ha sorprendido de esta encuesta es que la gente, a pesar del tiempo, no olvida las experiencias vividas, no olvida. Así, un contundente 49% considera al de Alberto Fujimori como el gobierno más corrupto. La memoria, desde ese punto de vista, es un punto de partida para la solución de los problemas, pues el olvido es la base, contrariamente, para la impunidad.

viernes, 10 de abril de 2009

La privacidad en el contexto de globalización

En el último número de la Revista Quehacer se ha publicado un artículo de Óscar Segura titulado La vida de los otros: espionaje, privacidad y democracia, en el que se aborda la relación conflictiva entre la lucha contra la corrupción y el derecho a la privacidad.
Segura inicia su análisis señalando que:
"Nunca como antes los seres humanos hemos tenido tantas oportunidades para comunicarnos como en la actualidad, sin embargo las posibilidades de un mundo sin privacidad parecen cada vez más cercanas" (p. 19).
Luego nos plantea que:
"La privacidad se está convirtiendo en un bien escaso en el mundo contemporáneo. La sospecha permanente ya no solo pertenece a las altas esferas del poder, sino a los ciudadanos comunes. Así, lo que fueron inicialmente grandes adelantos tecnológicos se están convirtiendo en una amenaza para la privacidad individual, pues han acelerado las posibilidades de recolectar información personal" (p. 22).
Y concluye que:
"El miedo se ha apoderado de los países democráticos, que han dispuesto que algunos derechos bien pueden esperar a cambio de garantizar la seguridad absoluta. Lo que se está generando es un choque entre libertad y seguridad que, a su vez, es un enfrentamiento emntre la política y la ética. Mientras que para algunos la seguridad es una necesidad política, para otros, el sacrificio de la libertad no es una opción ética. En la primera domina lo posible, en la segunda lo deseable. Y a veces lo deseable no es posible, por lo menos temporalmente" (pp. 22-23).

domingo, 22 de marzo de 2009

¿Viva el Perú?


El gran Heduardo dando nuevamente en el blanco de nuestro poco soportable ser social (hay que dar un click en la imagen para que puedan apreciarla completa). Da vértigo simplemente pensar en lo que se avecina en el futuro electoral. Lástima que hoy, intentando empezar la lectura de la novela La balsa de piedra, de Saramago, me encontraba con un epígrafe que me encantó: "Todo futuro es fabuloso", frase de Alejo Carpentier. Ante el futuro que se avecina en e nuestro país, simplemente se me desplomó la ilusión.

viernes, 26 de septiembre de 2008

La percepción de la corrupción

Transparency International ha publicado este 23 de setiembre de 2008 su Índice de Percepción de la Corrupción 2008, que se construye sobre la base de encuestas formuladas a expertos y empresas del mundo industrializado como de los países en vías de desarrollo. Hace unas semanas publiqué un post relacionado con la complejidad del fenómeno de la corrupción, lo que me hace, primero, señalar que entre el público encuestado debiera encontrarse también a otros sectores sociales de opinión.
La Presidenta de esta organización, Huguette Labelle, ha manifestado que “En los países más pobres, los niveles de corrupción pueden significar la diferencia entre la vida y la muerte, si lo que está en juego es el dinero destinado a hospitales o al agua potable”. Ante ello, "se requiere una iniciativa más activa en la lucha contra la corrupción", pues la corrupción afecta la lucha mundial contrala pobreza y, por ende, los objetivos de desarrollo del milenio. Por otro lado, el Informe concluye que un análisis comparativo de los resultado del 2007 con los del 2008 "indica que existen descensos significativos en las puntuaciones de Bulgaria, Burundi, Maldivas, Noruega y el Reino Unido", qunque también se identifican "mejoras significativas en términos estadísticos en Albania, Chipre, Georgia, Mauricio, Nigeria, Omán, Qatar, Corea del Sur, Tonga y Turquía".
Me parece interesante que, desde una perspectiva de países pobres y países ricos, se aprecie o intenta apreciar la corrupción en sus dos caras, tanto la de los agentes activos (quien paga un soborno) como de sus agentes pasivos (quien recibe un soborno). Señala el Informe que "Independientemente de si se trata de países con altos o bajos ingresos, el desafío de controlar la corrupción exige instituciones sociales y de gobierno que funcionen adecuadamente. Los países más pobres suelen sufrir las nefastas consecuencias de un Poder Judicial corrupto y un control parlamentario ineficaz. Los países ricos, por su parte, muestran señales de reglamentación insuficiente del sector privado, en lo que respecta a superar el problema de los sobornos que estos pagan en el extranjero, así como un control débil de las instituciones y operaciones financieras".
Según señala esta organización, los desembolsos por corrupción alcanzan la suma de 50 000 millones de dólares estadounidenses (si no recuerdo mal, calcularon que el hambre mundial podría resolverse, por un año, con 33 000 millones de dólares).
De los países Latinoamericano, Chile ocupa un honroso lugar 23, Puerto Rico el 36, Costa Rica el 47, Cuba el 65. El Perú está ublicado en el puesto 72, al igual que Mexico. Brasil ocupa el lugar 80, Bolivia el 102 y Argentina el 109. Ojo, se trata de percepciones.

domingo, 24 de agosto de 2008

La corrupción es un fenómeno complejo y polifacético

La revista Cambio de Colombia ha publicado un artículo en el que hace algunos adelantos de un Informe que se publicará en unos días respecto a los resultados de la Primera Encuesta sobre Prácticas contra el Soborno en las Empresas Colombianas, que realizaron la Corporación Transparencia por Colombia y la Universidad Externado de Colombia en ocho ciudades, con un universo de 537 pequeñas, medianas y grandes empresas. En dicho artículo se señala que "el 48% cree que el soborno y la competencia están íntimamente ligados, y el 54% lo ve como una estrategia comercial para obtener mayor participación en el mercado. 'Los empresarios sienten que si no usan las mismas herramientas pueden quedar relegados de los negocios -explica Alma Balcázar, coordinadora del estudio-. Por eso ven el soborno como una práctica más dentro del esquema'".


Esto muestra que la corrupción no es patrimonio exclusivo del sector público y que, por el contrario, se habría enquistado como una suerte de práctica o herramienta de mercado a la que los empresarios recurren para lograr mayores niveles de eficiencia. Así, "lo curioso es que aunque los empresarios perciben que el soborno es una práctica nefasta y la rechazan, solo un 11% tiene un programa estructurado para prevenirla y apenas un 25% se reserva el derecho de terminar un contrato ante un ofrecimiento o pago de un soborno por parte de los contratistas y proveedores. 'Aquí se ve la doble moral de los empresarios -dice Juan Rincón, analista económico-. Por un lado ponen el grito en el cielo cuando hablan de corrupción y, por el otro, no reprimen las malas conductas y prefieren quedarse callados'".



Es claro que esta encuesta se refiere al caso colombiano, pero sería importante hacer un estudio similar en el Perú, pues aquí se ha logrado establecer una verdad casi de dogma —y que, por tanto, simplifica la realidad— que se sintetiza en la siguiente ecuación:



Estado (funcionario público) = corrupción


En el caso de nuestro país, el Instituto de Opinión Pública de la Pontificia Universidad Católica del Perú, publicó en Junio de 2007, un Informe sobre la Corrupción. En dicho Informe (página 7) se señala que "La corrupción, para la mayoría de los limeños, se cifra en el Estado. La corrupción en ámbitos como la empresa privada o la cotidianidad doméstica, es percibida como una cuestión menor o secundaria. Sin embargo, el problema no es de los otros, o de los políticos, es de todos por cuanto el 75% de los limeños considera que los peruanos somos 'poco honestos' y 'nada honestos'". Esta conclusión no parece conversar con la propia información estadística que presenta ese Informe, en la que, por lo menos, hay un importante sector de la población que opina que la corrupción se da, por igual, en el sector público (Estado) y en el privado (empresa privada).


Este año, el mismo Instituto hizo una nueva encuesta pero que abordó el tema de la corrupción como uno de los varios problemas que afronta el país, aunque siempre en la perspectiva de que la corrupción es patrimonio del Estado, pues no se hace mención de ella en el sector privado. Dicho Informe concluye, en palabras de Nelson Manrique (página 13), que "En dos problemas críticos, la mayoría considera que la situación ha empeorado: la delincuencia y la inseguridad ciudadana (55%), y la lucha contra la corrupción (45%)".
Soy de las personas que creen que todo fenómeno debe ser estudiado en las dimensiones que demande su complejidad y soy enemigo de las generalizaciones que ideológicamente se establecen. Una de esas generalizaciones, propia de la mirada neoliberal, es que la corrupción y el Estado son una misma cosa, mientras se reifica la "pureza" del sector privado. Como decía al comienzo de este post, resulta necesario analizar el fenómeno de la corrupción (que genera ineficiencia e inequidad, pues implica una serie de sobrecostos que hace que se distraigan recursos que podría ser utilizados en áreas críticas que demanda el desarrollo del país) de manera integral, comprendiendo a todos los actores involucrados en ella, a fin de que asuman las responsabilidades del caso y se sancionen esas prácticas con total firmeza, se trate de actores del sector público y/o del sector privado
De ese modo, las generalizaciones que se hacen no ayudan, pues creo que, verbigracia, muchos funcionarios públicos —si no la mayoría— son personas que cumplen con su deber honesta, éticamente, aunque por el contexto en el que se desenvuelven los niveles de eficiencia sean cuestionables con justicia. Claro, esa ineficiencia se explica —aunque no se justifica— por las normas que regulan la actividad pública, que establecen los suficientes incentivos para lograr esos altos niveles de ineficiencia, pues privilegian los aspectos formales antes que los sustanciales.

lunes, 18 de agosto de 2008

El Estado visto desde distintas perspectivas: dos caras de una misma moneda

Hoy aparecieron en el Diario Perú 21, dos artículos en los que Alfredo Bullard y Guillermo Giacosa dan sus puntos de vista desde una perspectiva completamente distinta del quehacer estatal. Bullard narra un incidente en el que un miembro de la Policía quiso obtener de él una coima, bajo el pretexto de que era para el aceite del patrullero; con razón se queja y manifiesta que "Ningún funcionario del Estado tiene derecho a “asaltarme” con requerimientos de ese tipo", concluyendo que si el crecimiento económico "no va acompañado con crecimiento moral de nuestros funcionarios, la popularidad del gobierno seguirá cayendo". Comparto plenamente la indignación planteada. No obstante, como reza el propio neoliberalismo, muchas veces todo tiene una explicación económica y en el caso de la corrupción, repudiable venga de donde venga (pues es simplista decir que la corrupción solo es de los funcionarios públicos), no creo que su explicación se reduzca a la "inmoralidad innata" de los agentes del Estado.
En ese sentido, es interesante lo que manifiesta Giacosa en su artículo: "Así como es obligación del periodista señalar los hechos negativos, es también obligación poner de relieve los avances que se realizan a favor de un mejor funcionamiento de la maquinaria del Estado". Y lo que, él destacaba era que en su última visita a un Ministerio "todo se resolvió expeditiva y racionalmente en solo quince minutos y tal situación, para quien esperaba atravesar una semana de penurias, tuvo gusto a milagro. No fue, y esto pude corroborarlo, un caso particular. Todos quienes acudían recibían exactamente el mismo trato y eso es lo que realmente me entusiasmó".
Entonces, la tarea no solo de las instituciones sociales sino también de los ciudadanos, que desde una perspectiva somos consumidores (y por ello gozamos, al menos teóricamente, de soberanía sobre el mercado), es denunciar drásticamente los casos en que se vulneren nuestros derechos o los de los demás y, al mismo tiempo, destacar los casos positivos en los que, por el contrario, se nos dio el lugar que nos corresponde, reconociéndonos como ciudadanos en plenitud.