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jueves, 22 de enero de 2009

"La discapacidad está en la cabeza"

Reproduzco unos párrafos:
"¿Qué discapacidad tiene usted?
Tengo distrofia muscular. Es una enfermedad genética que produce deterioro en los músculos. En unos casos, es muy rápida; en otros, no. En mi caso, ha sido lentamente progresiva [...]
La discapacidad está en la cabeza y en la reacción de la sociedad. Ese es el error. Se cree que la discapacidad está en el individuo. Pero, si hay un entorno favorable, una persona con una discapacidad severa, como la que tengo yo, hace una vida completamente integrada [...]
¿Cómo evolucionó su discapacidad?
Desde los 4 años me caía frecuentemente. A los 6 ya tenía el diagnóstico claro. Y, a los 13 años, me dijeron que no iba a vivir más de 20. Yo me preparé toda la vida para estar algún día en silla de ruedas y para enfrentar un mundo muy prejuicioso sobre la discapacidad. Ese fue uno de los tesoros de mi colegio".
Hoy, gracias a un correo de esos en cadena, pude volver a escuchar "Volver a los 17", canción de Violeta Parra, en interpretación de Mercedes Sosa, en la que unos versos explican, poéticamente, eso que del Águila narra de su vivencia:
"Lo que puede el sentimiento
No lo ha podido el saber
Ni el más claro proceder
Ni el más ancho pensamiento [...]
El amor es torbellino
De pureza original [...]
Detiene a los peregrinos
Libera a los prisioneros".
Quizá, cuando del Águila dice que la discpacidad está en la cabeza, se refiere al hecho de que es esa una verdadera prisión de la que solamente un entorno amoroso puede liberar. Y, tal vez, aunque no exista Dios, ese es el verdadero milagro.

lunes, 18 de agosto de 2008

El Estado visto desde distintas perspectivas: dos caras de una misma moneda

Hoy aparecieron en el Diario Perú 21, dos artículos en los que Alfredo Bullard y Guillermo Giacosa dan sus puntos de vista desde una perspectiva completamente distinta del quehacer estatal. Bullard narra un incidente en el que un miembro de la Policía quiso obtener de él una coima, bajo el pretexto de que era para el aceite del patrullero; con razón se queja y manifiesta que "Ningún funcionario del Estado tiene derecho a “asaltarme” con requerimientos de ese tipo", concluyendo que si el crecimiento económico "no va acompañado con crecimiento moral de nuestros funcionarios, la popularidad del gobierno seguirá cayendo". Comparto plenamente la indignación planteada. No obstante, como reza el propio neoliberalismo, muchas veces todo tiene una explicación económica y en el caso de la corrupción, repudiable venga de donde venga (pues es simplista decir que la corrupción solo es de los funcionarios públicos), no creo que su explicación se reduzca a la "inmoralidad innata" de los agentes del Estado.
En ese sentido, es interesante lo que manifiesta Giacosa en su artículo: "Así como es obligación del periodista señalar los hechos negativos, es también obligación poner de relieve los avances que se realizan a favor de un mejor funcionamiento de la maquinaria del Estado". Y lo que, él destacaba era que en su última visita a un Ministerio "todo se resolvió expeditiva y racionalmente en solo quince minutos y tal situación, para quien esperaba atravesar una semana de penurias, tuvo gusto a milagro. No fue, y esto pude corroborarlo, un caso particular. Todos quienes acudían recibían exactamente el mismo trato y eso es lo que realmente me entusiasmó".
Entonces, la tarea no solo de las instituciones sociales sino también de los ciudadanos, que desde una perspectiva somos consumidores (y por ello gozamos, al menos teóricamente, de soberanía sobre el mercado), es denunciar drásticamente los casos en que se vulneren nuestros derechos o los de los demás y, al mismo tiempo, destacar los casos positivos en los que, por el contrario, se nos dio el lugar que nos corresponde, reconociéndonos como ciudadanos en plenitud.