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jueves, 9 de julio de 2009

Obama en el lente público internacional

Hoy Guillermo Giacosa publica en Perú 21 un artículo muy interesante en el que afirma que "A los pronunciamientos ya existentes (OEA, ONU, Grupo de Río, CICA, ALBA, etc.) se suma este nuevo desaire a los golpistas [el Departamento de Estado de EE.UU. se ha negado a recibir a una delegación del gobierno de facto hondureño] que, dadas las características de quien lo protagoniza (EE.UU.), podría tener un peso decisivo en los cálculos futuros de los gobernantes de facto. Podría significar, además, un triunfo de los sectores sensatos sobre los belicistas en el interior de la superpotencia. Y ese sería, de continuar en la misma línea, un triunfo aún más importante que la reposición del gobierno de Manuel Zelaya".

Como apunté en un post anterior, el mundo está muy atento a lo que viene sucediendo en EEUU. En esta ocasión Giacosa se pregunta "si los aparentemente nuevos tiempos políticos en EE.UU. son producto de su debilidad coyuntural o bien el producto de un proceso de maduración posterior a los disparates perpetrados por la alocada y única neurona de la que disponía el ranchero y golfista George W. Bush". Frente a esta interrogante, destaca sí "la existencia de un consenso casi unánime en Latinoamérica [que] se ha constituido en un valor de peso en las transformaciones que hacen a nuestra propia historia".

miércoles, 17 de septiembre de 2008

Más sobre Bolivia

Antonio Zapata, en La República, publicó hoy un interesante artículo titulado ¿Balcanización boliviana?, en el que hace una reseña breve de la historia boliviana desde la Guerra de El Chaco, hasta llegar a la crisis que ese país vive hoy:

"Buena parte del conflicto boliviano deriva del rechazo a que esas riquezas [grandes yacimientos de gas y también una importante reserva acuífera] sean administradas desde La Paz, por un gobierno que representa a los indígenas históricamente postergados. Los recursos están situados en el territorio de la medialuna, donde los gobernantes son de derecha y convencidos neoliberales. Además de las razones políticas, las contradicciones están fuertemente atizadas por el racismo que lleva a denigrar a los oponentes".

Del mismo modo, hace un análisis político de lo que viene sucediendo en relación con ese país y su gobierno, precisando que:

"El punto más débil de Morales es su dependencia del presidente venezolano Hugo Chávez, cuyas últimas amenazas provocaron fuerte descontento en las FFAA bolivianas. Chávez le ofrece pretextos nacionalistas al ejército boliviano para que derroque a Evo".

Esto último es preocupante, pues la incontinencia verbal del gobernante venezolano, suele generar resultados contrsproducentes. Y, por cierto, en el caso boliviano, en el que Evo Morales va conduciendo con acierto, aunque al borde del abismo, ese agitado país, sería importante una dosis que muestre independencia en toda dimensión.

Debe tomarse en cuenta, además, que lo que se vive en Bolivia es el resultado de siglos de postergación de sectores mayoritarios de la población, a manos de minorías que viven en condiciones realmente envidiables. Así, como dice Guillermo Giacosa en su columna de hoy, titulada Redistribuir es una mala palabra, "La complejísima situación en el país altiplánico podría resumirse afirmando que los que tienen privilegios no quieren perderlos y que los que comen salteado quieren comer todos los días. Hoy, el presidente de ese país pertenece al grupo de los que han comido salteado y que, por extraña casualidad es, en su inmensa mayoría, de origen indígena" y busca "mejorar el nivel de vida de quienes considera sus hermanos, afectando lo menos posible los intereses de quienes han tenido la sartén por el mango hasta su arribo". Pero, como resulta evidente, quienes ven amenazados sus privilegios están recurriendo a todas las armas posibles para, cuchillo en el diente, no dejar que se les arrebate nada.

Ahora bien, lo que está en juego es la democracia, que, como señala Santiago Pedraglio, "es un conjunto de derechos y un procedimiento para dirimir legalmente los conflictos: sería conveniente defenderla al margen de la afinidad con uno u otro bando".

lunes, 18 de agosto de 2008

El Estado visto desde distintas perspectivas: dos caras de una misma moneda

Hoy aparecieron en el Diario Perú 21, dos artículos en los que Alfredo Bullard y Guillermo Giacosa dan sus puntos de vista desde una perspectiva completamente distinta del quehacer estatal. Bullard narra un incidente en el que un miembro de la Policía quiso obtener de él una coima, bajo el pretexto de que era para el aceite del patrullero; con razón se queja y manifiesta que "Ningún funcionario del Estado tiene derecho a “asaltarme” con requerimientos de ese tipo", concluyendo que si el crecimiento económico "no va acompañado con crecimiento moral de nuestros funcionarios, la popularidad del gobierno seguirá cayendo". Comparto plenamente la indignación planteada. No obstante, como reza el propio neoliberalismo, muchas veces todo tiene una explicación económica y en el caso de la corrupción, repudiable venga de donde venga (pues es simplista decir que la corrupción solo es de los funcionarios públicos), no creo que su explicación se reduzca a la "inmoralidad innata" de los agentes del Estado.
En ese sentido, es interesante lo que manifiesta Giacosa en su artículo: "Así como es obligación del periodista señalar los hechos negativos, es también obligación poner de relieve los avances que se realizan a favor de un mejor funcionamiento de la maquinaria del Estado". Y lo que, él destacaba era que en su última visita a un Ministerio "todo se resolvió expeditiva y racionalmente en solo quince minutos y tal situación, para quien esperaba atravesar una semana de penurias, tuvo gusto a milagro. No fue, y esto pude corroborarlo, un caso particular. Todos quienes acudían recibían exactamente el mismo trato y eso es lo que realmente me entusiasmó".
Entonces, la tarea no solo de las instituciones sociales sino también de los ciudadanos, que desde una perspectiva somos consumidores (y por ello gozamos, al menos teóricamente, de soberanía sobre el mercado), es denunciar drásticamente los casos en que se vulneren nuestros derechos o los de los demás y, al mismo tiempo, destacar los casos positivos en los que, por el contrario, se nos dio el lugar que nos corresponde, reconociéndonos como ciudadanos en plenitud.