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miércoles, 24 de marzo de 2010

Hay veces que siento a Dios

Publico un poema que escribí en la década de los '90. Ha pasado mucho tiempo y, sin embargo, me doy cuenta de cuantas cosas como entonces siguen angustiando todavía mi alma. Comparto este poema con quienes tenga la paciencia y el deseo de leerlo.





Hay veces que siento a Dios
y hasta creo en él,
hablándole como un amigo,
tuteándolo,
pensando "él no me abandonará".
Le digo, entonces, amigo, ayúdame
a impedir que llegue lo que va a llegar
de todos modos.
Pero casi inmediatamente
vuelven aquellas palabras a mi mente:
"que se haga tu voluntad
y no la mía",
Cristo en la cruz, agonista,
hombre solo.
Mis ojos tórnanse metálicas cuchillas
diabólicas.
Y claro, Dios se hace dios.
¿Qué será, pues, lo que él quiera de mí?


Vuelven entonces la fe
y mi pecho a palpitar como un cirio
de veneración,
y a orar mis labios mudos
("como un beato", pienso,
me indigno).
Y la guerra en muerte indetenible
y el arribo de todo ello
imposible,
renuente apostasía
extenuado dolor en las costillas.


Vibran mis tímpanos y abro los ojos,
llaman lista en mi último
salón de clases;
miro a todos, tú, tú y tú,
y todos los tus
que puedo amar
—y también odiar, sólo algunos, claro—,
la vida reflejada
en vuestros rostros
y yo en pleno trance de muerte,
de la muerte real
o de aquella en vida.


Lloro en las cavidades
más incógnitas del alma
(quizá los Shamanes pudieran
curarme de este mal
con la ayawaska,
ich weiß es nicht).
Pero ahora las lágrimas
son solamente
un espectro.


Y Dios que pugna por seguir siendo Dios
y no solamente dios,
y yo sin saber cómo ayudarlo.

martes, 8 de septiembre de 2009

Giuliana Llamoja y la poesía desde el alma

El caso de Giuliana Llamoja lo abordé en un post anterior. Realmente este caso no puede analizarse desde una mirada juzgadora, moralista. Creo que es necesario ver a esa muchacha de manera integral. El drama del asesinato de su madre es una cruz que, más allá de las rejas, pesará en sus hombros por el resto de su vida.
Ahora bien, el suplemento Domingo del diario La República, publicó un artículo en el que se muestra a la persona, desde una mirada totalmente intimista; desde su poesía. Esta chica va a publicar su primer libro de poemas titulado "Prohibido llorar", que "tratará de temas existenciales como el ser y los conflictos interiores. 'Yo escribo desde siempre, lo único importante es que soy auténtica cuando lo hago, no tengo miedo porque al fin y al cabo soy yo misma en mis versos'".
Ese diario señala que, según ella misma, su poesía fue influenciada primero por la poesía Becqueriana, cuestión más simple, según ella, pues se trata de rimas. Ahora bien, los tres poemas publicados son muy profundos y bien hechos. Les dejo aquñí uno de ellos:

PAROXISMO DE LA PENA
Conozco las coordenadas del dolor
maldito arquitecto
como una hormiga la inmensidad
de las montañas
como la soledad a la compañía
como un lamento repartido cada día
así, conozco a mi vida.
Ella es como aspa impávida detenida
como un silencio antiguo
sin profundidad, sin sentido.
Ella tiene los ojos
como la boca de un volcán dormido,
la lengua como un campo en sequía,
a las que las sucesivas estaciones
solitarias
han dejado muy grávida
como un sol de plomo,
llevo una vida sin vida.
Ella es muerte en mi carne
Ella es sombra en el día
Ella es todo y nada.
Conozco la sinfonía del trapecista,
sin sentido;
y la verdad en la mentira,
más mentira;
Ella es como un aspa impávida
detenida
como un campo en sequía
llevo una vida sin vida.

lunes, 2 de febrero de 2009

Vesania bifurcada

Tiembla la tierra a mis pies,
ahora que buscaba,
a tientas,
un lugar donde reposar.
Estoy exhausto.

Quiero huir, salvarme,
temo que sea el fin del mundo.
No es vesania, no…
¿Y mi nido?
¿Lo olvido?

“Vuela, vuela”, dicta una melodiosa voz.
Muy fácil para ser real, pienso.
Alas que me ofrecen vuelo,
un espejo que me devuelve una sonrisa.
¿No será un espejismo, más bien?

El camino recorrido es extenso,
la mochila que sostienen mis hombros adoloridos pesa más;
hace tiempo temía el devenir de este tiempo entonces futuro,
hoy lo vivo, lo amo, lo sufro
—salvaje bestia enjaulada—.
Alas que me ofrecen vuelo y olvido,
el espejo me refleja,
ahí estoy yo, menos triste, mejor, hermoso.
Insisto, ¿no será un espejismo, nada más?

A tientas camino, ciego;
no es vesania, no…
Es dolor y esperanza,
es quebranto y amor,
también cansancio, claro está.
Y buscaba, por ello, una posada,
un refugio desde el cual implorar por mi nido
—protegedlo, oh, tú, poderoso—,
pues la voz del corazón
me indica que atravesamos tinieblas,
y la tierra tiembla bajo mis pies
y yo no quiero huir;
temo, sin embargo, el fatídico devenir.

Derik Latorre Boza
Lima, enero de 2009

lunes, 24 de noviembre de 2008

La canción andina

Gracias a un post de Amazilia Alba, he podido conocer al artista ocabambino Porfirio Ayvar, en quien puedo ver la misma preocupación por atender la demanda que antes empezaron a satisfacer diversos artistas andinos como el Duo Gaitán Castro, Alborada, Uchpa, por solamente citar algunos: la modernización de la canción andina e, incluso, su urbanización, si se quiere apostar a futuro. Esto llegó a su máxima expresión con la banda Uchpa que, además, empezó tocando en el denominado "circuito vernacular" donde, a pesar de tratarse de un público plural generacionalmente hablando, recibió buena acogida. Y en el caso del público que se aprecia en los videos de Porfirio Ayvar colgados en ese post, se puede notar también que, aunque esencialmente juvenil, hay también personas que ya no podrían, aunque se extienda la cuerda en demasía, ser consideradas jóvenes, cronológicamente al menos. Y eso es algo bastante llamativo, al menos en sectores urbanos más occidentalizados en los que la división generacional se presenta de manera algo más marcada.
Por otro lado, Amazilia escribe que a ella no le gusta mucho el huayno misti [sic] "por su temática de amores contrariados y tristes" y esta afirmación me da pie para hablar de algo que siempre me ha perseguido. Aprecio la literatura y dentro de ella la poesía. La poesía es diversa, pudiendo darse versiones poéticas abstractas en su construcción metafórica (como César Vallejo entre nosotros, o Tomas Eliot) o versiones "más sencillas" y directas (como Pablo Neruda o Gustavo Adolfo Becquer). Lo que destaco de ese quehacer artístico es su inefable logro en la construcción de la belleza, independientemente de la forma. Cito algunos versos para tratar de ilustrar lo que digo:
"Amada, en esta noche tú te has crucificado
sobre los dos maderos curvados de mi beso;
y tu pena me ha dicho que Jesús ha llorado,
y que hay un viernes santo más dulce que ese beso".
(César Vallejo)
"Yo observo: «¡Nuestra amiga sentimental, la luna!
O quizás (es fantástico, confieso)
puede ser el globo del Preste Juan
o una vieja y abollada linterna colgada en lo alto
para alumbrar a los pobres viajeros en su angustia».
Y ella entonces: «¡Cómo divagas!»".
(Thomas Eliot)

"Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.
Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos".
(Pablo Neruda)
Podrá nublarse el sol eternamente;
Podrá secarse en un instante el mar;
Podrá romperse el eje de la tierra
Como un débil cristal.
¡todo sucederá! Podrá la muerte
Cubrirme con su fúnebre crespón;
Pero jamás en mí podrá apagarse
La llama de tu amor".
(Gustavo Adolfo Bécquer)
Simplemente, con esta cita arbitraria de versos de estos poetas, quiero mostrar que la belleza no tiene una única forma de expresión. Y el amor ha sido uno de los temas más recurrentes en las artes en general, lo que no le quita por sí mismo nada.
Sin embargo, en el caso de la canción andina y, con especial énfasis en el huayno, se da también una profunda variedad, dentro de la cual el tema amoroso y la tristeza y melancolía han sido el monotema, especialmente en esa vertiente más comercial a la que asociaría con mayor propiedad el uso del término "vernacular", en la que, al igual que en cualquier versión comercial del arte, importa más el marketing del producto más que su calidad; en esos huaynos, por ejemplo, se han trabajado con gran simpleza las letras, prácticamente a un muy básico nivel:
"Qué lindos son tus ojos
Qué dulces son tus labios
Hermoso chico eres tú
De lindos ojitos negros".
(Dina Páucar)
"Quien no para en las cantinas
tomando una cervecita
quien no vive una decepcion
quien no llora por un amor".
(Sonia Morales)
La crítica oficial del arte, especialmente limeña y criolla, equiparan música andina con estas expresiones vernaculares. Eso es totalmente errado, pues frente a ello, tenemos otras variantes del huayno:
"Yo no soy la piedra dura, que con el cincel se labra,
ni soy como el acero, que se funde con la fragua.
Yo soy el agua de puna, que labra la cordillera,
y cuando hay avenida, abre surcos donde quiera".
(Duo Arguedas)
"Lloraré en silencio, negra,
hecho pedazos, mi amor herido,
al leer tu última carta,
donde me dices ya no te quiero.
La culpa yo no la tengo,
si el quererte fue un delito [...]"
(Sonia Yasmina, intérprete)
Siempre he creído que la canción es el resultado de la combinación de música y poesía y, por ello, me parece muy importante el que se trabaje mucho las letras de una canción. Creo que la actualización de la canción andina implica un trabajo más profundo a nivel de las letras, en kechua o en castellano, un acercamiento más artístico, independientemente del tema que es adjetivo. Esto no puede pasarse por alto. Y en este aspecto, la música ayacuchana ha mejorado muchísimo también. Y estas letras no pueden persistir excluxivamente en ambientes bucólicos que no describen un Perú más bien mayoritariamente urbano.