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jueves, 20 de junio de 2024

La Plaza Roja desde el Ausangate

 

El escritor cusqueño Luis Nieto Degregori lanzó el 2023 una obra teatral en la que nos presenta un mundo desconocido —casi de manera absoluta— en el Perú y, lo más audaz, desde una perspectiva ajena a la metrópoli capitalina. Se trata de La Plaza Roja desierta… Obra de teatro en once sueños, publicada en versión digital bajo el sello de El Zorro de Abajo ediciones.





¿Algún dramaturgo o alguna compañía tendrá la osadía de llevarla a los escenarios? No solo valdría la pena, sino que nos permitiría mirar a partir de esas historias subjetivas, la historia del mundo y dentro de ella, la del Perú y a del Cusco, como oteando el horizonte desde la cima del majestuoso Ausangate, ora límpido, ora cargado de nubes oscuras.

Es una historia cargada de claroscuros, verdades que se insinúan o a veces se gritan, subterfugios que esconden o a penas disimulan situaciones que los personajes no terminan de aceptar o entender. Esta obra está ambientada en diversos escenarios de la ciudad de Moscú, en dos hilos temporales paralelos; uno, en los años setenta del siglo XX, con Gabriel y sus amigos como estudiantes universitarios en la todavía poderosa Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), y, el otro, en el año 2005, con el retorno de Gabriel a esa ciudad, con cincuenta años, y el reencuentro con sus amigos, en la Rusia renaciente de este milenio. No obstante, la sensación de estar al borde del abismo es permanente.

Nieto nos presenta la historia de Gabriel, un joven cusqueño que, al terminar colegio, se fue becado a estudiar ingeniería en la Universidad de Moscú. Sin embargo, luego decide su cambio a la facultad de Filología, lo que le permitiría hacer algo más cercano a su sueño de ser escritor. Es un muy buen estudiante, casi brillante, tan es así que al graduarse fue quien hizo el discurso en representación de los estudiantes extranjeros. Se licenció con una tesis en ruso sobre Mario Vargas Llosa que quedó en algún estante, empolvándose, y sin traducción. Además, las autoridades universitarias le otorgaron el permiso para que pudiera, con la beca correspondiente, realizar sus estudios de Maestría sin interrupción, aunque él decide regresar por un año al Cusco, para ver a su familia. Después, no pudo —o no quiso— regresar a la URSS. Desde entonces, Moscú lo persigue en sus sueños o pesadillas y resume esa sensación afirmando que “Aquí, en los años de universidad, me sentía un cisne. En Perú, con el tiempo, ese cisne se convirtió de nuevo en un pato feo del montón…”; en otro momento, exclama que “¡Necesitaba volver a Moscú! Creo que la época más feliz de mi vida fueron nuestros años de universidad. ¡Nunca he vuelto a conocer tal sensación de plenitud!”. ¿Ese cúmulo de emociones contradictorias del estudiante migrante, entre la morriña lacerante y el no encajar en ningún lugar?, ¿la imposibilidad de vivir un nosotros a plenitud?

La obra muestra el desencanto de Gabriel y los otros personajes con la realidad de la sociedad soviética, caracterizada por una serie de carencias materiales y un omnipresente aparato estatal y represivo, como cara real de la utopía socialista, aunque gracias a Gabriel puede contrastarse con la realidad del Perú y del Cusco, donde no solo hay carencias económicas para gruesos sectores sociales pobres, sino que de manera general la educación y la cultura no reciben mínima atención, lo que no permite ni por asomo compararlas con la educación y la cultura en Rusia. Y también muestra a los moscovitas en 2005, orgullosos de una ciudad que ya no es más la antigua ciudad provinciana, aunque conscientes de los grandes cambios, la aparición de los nuevos ricos —rusos poco formados e incultos—, y también los oligarcas, que se enriquecieron gracias al impensable desplome soviético. ¿Esa situación no tiene semejanzas con la del Perú?, ¿no vivimos acosados por oligarquías antiguas y nuevas que, en su apropiación incesante, van reduciendo lo público al desmadre auto regulatorio de hoy?

Durante sus años estudiantiles, Gabriel conoce a una serie de jóvenes rusos, entre ellos Nikita, con quien entabla una amistad profunda. Están también Ania, Valentina y Vera.

Gabriel y Ania tienen una relación e incluso viven juntos, pero ella prefiere mantener esto en secreto, pues el resquemor hacia los extranjeros en esa sociedad hace que las rusas puedan ver afectadas sus expectativas personales, económicas, profesionales y políticas, si se involucran sentimentalmente con algún extranjero. Gabriel sufre por ello, encerrado en la paradoja de rebelarse contra la propia realidad del machismo en su familia y en su ciudad, el Cusco.

A su regreso, unos veinticinco años después, Gabriel busca primero a Valentina, para ir explorando las posibilidades de verse con Ania y con Vera. Y por supuesto, con Nikita.

Ania lo visita en su hotel y cada uno cuenta algunos pasajes de su historia personal, comparten algunos recuerdos, se formulan reclamos. Ella es una satisfecha profesora principal en la universidad, casada y con dos hijos. Gabriel confiesa que se casó dos veces, que no tiene hijos, que es un escritor poco conocido en el Perú, pues para ser famoso “tienes que vivir en Lima y yo no vivo en Lima. Después de trabajar unos años en una universidad de Ayacucho, regresé a vivir en Cuzco…”. El peso del centralismo limeño es agobiante y hoy pesa incluso más que antes.

Ania le increpa a Gabriel no haber tenido el valor de decidir entre ella o Vera. Gabriel le recuerda que no fue ese su dilema, sino que “tenía que decidir entre volver a la maestría y olvidarme de mis sueños de ser escritor o renunciar a la maestría y probar suerte en la literatura”. Y dice, más adelante, que “No me fue bien como escritor y con el tiempo empecé a arrepentirme de no haber vuelto a Moscú”. Como para cerrar su historia, se besan y hacen el amor. Gabriel sigue atrapado por las nostalgias cruzadas y experimenta una frustración lacerante.

El reencuentro en una cena con todos sus amigos los muestra como las personas ya iniciando el tránsito a la vejez, compartiendo sus recuerdos, sus logros, sus satisfacciones. Gabriel les cuenta que está escribiendo una obra de teatro sobre jóvenes universitarios como ellos, aunque aclara que no es sobre ellos. Valentina le dice, cuando Gabriel comenta sus bloqueos para escribirla, que “¡Buena señal si te cuesta sufrimiento! Ya se sabe, tienes que escribir con tu propia sangre si quieres expresar los verdaderos dramas de tu tiempo…”.

En el Acto Final, Gabriel desvela la realidad de la historia. Los diez sueños anteriores, son solo eso, sueños, producto de la imaginación y el deseo de Gabriel de retornar a Moscú y de no haberse atrevido a ello, pues para sus cincuenta años planificó un viaje a París y luego a Moscú, pensando que eso lo ayudaría a recuperar las ganas de escribir. Sin embargo, extendió su estadía en París, desistiendo de ir a Moscú. Concluye al fin que el viaje “no arregló nada en mi vida”.

sábado, 3 de julio de 2010

Primer sueño

Desde niño soñé con ser Presidente de nuestro país y, luego, imaginaba llegar a ser Alcalde del Cusco. Entonces, el sueño era fácil y me imaginaba logrando el desarrollo del Perú, primero, y luego generalizándolo hacia toda Sudamérica, para finalmente devolverle el esplendor al Cusco. Hoy, a mis casi cuarenta años, ya no me es tan sencillo soñar, pues me da la sensación del delirio y, probablemente, asumo con cierto realismo mis limitaciones y mis verdaderas posibilidades (la política es un campo privilegiado de concesiones recíprocas y, sobre todo, de habilidades sociales de las que carezco por completo).


Sin embargo, no quiero que los sueños que aun me acompañan y que seguramente no demorarán en abandonarme se pierdan en la nada. Los quiero compartir con usted, enigmático receptor de estas líneas. Hoy mis sueños quiero circunscribirlos al Cusco, la tierra de la que vengo y en la que, al final de mis días, espero que se esparzan mis cenizas.
  1. El Cusco fue centro de una importante cultura de la antigüedad y, de alguna manera, marcó un hito central en un desarrollo independiente de las denominadas "grandes culturas". Fue centro de esa cultura y de una cosmovisión de la que no hemos conocido mucho y, más bien, vamos perdiendo paulatinamente.

  2. Otro hito importante fue el de la revolución tupacamarista del siglo XVIII y sus repercusiones en el mundo andino, aunque también las consecuencias de la represión realista como consecuencia de la misma generó grandes pérdidas respecto a los pueblos andinos.

  3. Durante la primera parte del siglo XX, el Cusco y los cusqueños lograron volver la mirada sobre ellos mismo, sin perder de vista el acontecer mundial, intentando recuperar la esencia de la cusqueñidad y las posibilidades de un desarrollo regional.

  4. Desde los últimos 25 años del siglo XXI, el turismo y la actividad económica en torno al turismo, se han convertido en la columna vertebral de la ciudad, aunque paradójicamente esto ha generado una banalización de la realidad de la ciudad, en la que no existen actividades culturales, más allá de alguna excepciones y los permanentes espectáculos folklóricos.

  5. El kechua se viene perdiendo y cada vez son menos jóvenes urbanos los que hablan o, por lo menos, entienden este idioma. La Academia de la Lengua Quechua no tiene una dinámica importante que aporte no solo en el mantenimiento de esta lengua, sino respecto de su desarrollo para estar acorde con este tiempo. Sueño con que se desarrolle una Academia Plural en la que los diferentes dialectos del kechua tengana cabida, enriquecioendo esta lengua, para que los peruanos y especialmente los andinos volvamos a sentir el orgullo y la necesidad de su aprendizaje.

  6. La antigua Universidad San Antonio Abad se ha estancado y su calidad de centro cultural y académico no es más reconocido, ni siquiera dentro de las fronteras nacionales, a pesar de las nostálgicas reminiscencias de otros tiempos. Por tanto, un primer sueño que propongo es que esta Universidad sea recuperada en su condición de centro de desarrollo cultural, lo que implica, necesariamente, que se hagan cargo de ella personas profesionales competentes y con los necesarios y reales merecimientos académicos, que no pasan por el formalismo de los cartones hasta el hartazgo. No queremos doctores o magísteres, llenos de papeles, pero que no saben por lo menos hilvanar una idea por escrito (a pesar de lo cual hasta escribieron libros que quizá nadie leyó), queremos profesionales capaces de relanzar el ánimo de investigación, de estudio en su sentido mayor. Esa Universidad ya no debiera estar situada en medio de la ciudad, sería importante trasladar su ubicación, quizá hacia el Valle Sagrado o incluso hacia La Convención, lugar donde la ciudad universitaria sea eso, una ciudad o comunidad de estudiantes y maestros. En esa Universidad no pueden verse los servicios higiénicos sucios que espantan cualquier ánimo de higiene como los tiene hoy. Tampoco puede seguir siendo una extensión de la ciudad, debe ser el corazón y el cerebro de la ciudad, de nuestra cusqueñidad. Los nuevos aires debieran empezar a soplar desde ahí. Una Universidad en la que se promueva la investigación, empezando por cosas tan familiares como los logros prehispánicos en la agricultura, en la astronomía, en la medicina. ¿Seremos capaces de recuperar los conocimientos que permitieron desarrollar los andenes o el control vertical de pisos ecológicos? Si no somos capaces de empezar a promover la investigación universitaria en estos campos y así el desarrollo de un foco cultural, contentémonos, como hoy, entonces con los despliegues folklóricos de nuestra cusqueñidad.

  7. El Cusco no puede seguirse irguiendo (o postrando) ante el Perú limeñocentrista. La integración panandina es un eje que debiera trabajarse con seriedad y aun al margen de la capital de los reyes. Un segundo sueño que propongo: una interconexión ferroviaria (con trenes veloces por no excederme diciendo trenes de alta velocidad) entre el Cusco y la ciudad de La Paz en Bolivia, que permita que el sur andino del Perú y el nor occidente boliviano se integren de mejor manera y puedan desarrollarse los intercambios de manera más fluida. Sueño con que luego ese circuito ferroviario llegue hasta Quito en Ecuador. (Dicho sea de paso, en Brasil están convocando a dferentes empresa para que se desarrolle un mega proyecto de 12 mil millones de dólares: tren de alta velocidad para unir Sao Paulo y Río de Janeiro; aunque nuestra realidad es muchísimo más austera, persisto en el sueño de trenes veloces por lo menos).

  8. Sueño un Cusco con una arquitectura inteligente y moderna, pero propia, una ciudad hermosa no solo por su pasado, sino fundamentalmente por su presente y su futuro. Se necesitan arquitectos, entonces, que miren más allá de la piedra de los doce ángulos y que, de manera creativa, edifiquen una ciudad armoniosa con su contexto geográfico y cultural. Capaces, eso sí, de impulsar una creatividad sin límites.

  9. Un Cusco con medios de transporte modernos aunque ajustados a sus necesidades. Podría ser un pequeño Metro (o tren) que recorra el Cusco desde el corazón de la urbe hasta Urcos quizá, aun no lo sé, y con sistemas troncales de alimentación. Debieran desaparecer las combis espantosas y nuestras calles debieran ser, además de hermosas, funcionales.
Continuará................

lunes, 25 de enero de 2010

Emergencia en el Cusco

Aunque estamos en temporada de lluvias, lo que está sucediendo está más allá de lo normal. Hoy los medios de comunicación informan que el Gobierno ha declarado el estado de emergencia en los departamentos de Apurímac y Cusco.

Una vez más es importante actuar y, al mismo tiempo, reflexionar respecto a si estamos preparados o preparándonos, por lo menos, para una catástrofe que podría ocurrir en cualquier momento.



El desastre es considerable y da muestra de nuestra falta de previsión. Este video muestra lo que ocurrió en Lucre:

lunes, 22 de junio de 2009

El indigenismo cusqueño

Gracias a mi padre, conocí el artículo Las letras que forjaron el indigenismo cusqueño, de Manuel Valladares Quijano. En él se describe el desarrollo de la movida intelectual de las primeras décadas del siglo XX en el Cusco, especialmente a partir de las revistas Kosko, Kuntur y La Sierra, la primera y segunda, editadas en el Cusco, y la última, editada por cusqueños en la ciudad de Lima.
El autor señala que "en el siglo XIX nace el interés en diversos lugares del país y en particular en el Cusco por coleccionar 'antiguallas peruanas' (cerámica, orfebrería, textilería, objetos de piedra, keros, etc.): aparecen coleccionistas de antigüedades prehispánicas y habitualmente se trata de personalidades distinguidas de la localidad" (p. 40); es decir, se da una suerte de renacimiento del interés por lo prehispánico. Luego, establece una serie de etapas en el desarrollo de los movimientos intelectuales del Cusco, destacando la importancia de "la generación partícipe de la expansión nacional del indigenismo cusqueño (entre 1920 y la crisis de los años 30)", la misma que "trascendió los límites locales y regionales, motivando la difusión y debate de sus ideas en el plano nacional", cuyo punto de partida fue el Congreso Nacional de la Federación de Estudiantes que se desarrolló en la ciudad imperial en marzo de 1920 (p. 41).
Citando a Luis Nieto, Valladares establece que fue, recién en 1924, "con la aparición de la revista Kosko, que la eclosión intelectual llega a su clímax en el Cuzco y los poetas, los escritores, los estudiantes empiezan a procurar una ubicación fente a los acontecimientos que se suceden en el país y en el mundo [...] Pero, es, repetimos, con Kosko que el valor candente y fustigador de los intelectuales cobra contornos implacables" (p. 42). Este comentario del poeta cusqueño me conmueve profundamente, pues se trata de la revista que fundó y que era de propiedad de mi abuelo, el pato Roberto Latorre Medina, al que Valladares describe como "un personaje original, bohemio y contestatario" y del que cita algunos párrafos de un artículo suyo, titulado "Vínculo andino", publicado en la Revista Kosko Nº 27, enero de 1925:
"Los que somos amamantados por el agua fresca de los nevados de la cordillera andina, estamos unidos por un vínculo fuerte, inquebrantable: el vínculo étnico. Aunemos a ello el vínculo espiritual, comulguemos el mismo ideal", concluyendo que "Cuando la familia andina se unifique, no habrá poder que se oponga a la consecución de sus anhelos [...]" (p. 46).
Sobre la historia de la revista Kosko y su trascendencia José Tamayo Herrera ha escrito un libro que, pronto, comentaré: "El Cusco del Oncenio. Un ensayo de historia regional a través de la fuente de la revista 'Kosko'".
Luego, Valladares comenta la Revista Kuntur, fundada por el grupo Ande, la misma que solo tuvo dos números y que constituye "un capítulo importante aunque breve de la historia de los movimientos intelectuales en las provincias del Perú, particularmente en el Cusco, en las primeras décadas del siglo XX" (p. 54).
Finalmente, Valladares hace un balance de la revista La Sierra, fundada y dirigida por Juan Guillermo Guevara. Esta revista tuvo circulación nacional e internacional. Me llamó la atención un párrafo de un texto que cita de Guevara: "Decíamos que América no tiene personalidad ... el mestizo indolatino en su afán de sentirse blanco y no cobrizo, procuró despojarse de toda raigambre que acusara su procedencia indígena. De allí que el mestizo es fundamentalmente heterogéneo al espíritu indígena. Hoy existe el anhelo de hallar el alma auténtica y propia" (p. 56).
Me queda claro que los intelectuales de aquella época tuvieron un espíritu beligerante y de gran vehemencia en su búsqueda de un camino propio que lindó con un antilimeñismo, que no es otra cosa que la resistencia al avance de la cultura criolla en nuestro medio. Esa batalla, cuando vemos lo que sucede hoy, parece, al menos en lo comercial, haberse perdido en el Cusco, que hoy es casi patrimonio de limeños y extranjeros. Hemos perdido, como región, la rebeldía, hemos cesado nuestra búsqueda de volver a vivir la grandeza de un tiempo antiguo, asumiendo que basta ese pasado fabuloso, cuando lo realmente importante es el presente y también el futuro.

lunes, 9 de febrero de 2009

Cusco en Bagdad

Este fin de semana estuve en el Cusco, después de algunos pocos meses. Sin embargo, la realidad parece haberse estancado en un tiempo eterno de destrucción y caos, justamente en el ingreso desde el aeropuerto a la ciudad. Es impresionante que la destituída Alcaldesa haya tenido la misma efectividad que las tropas gringas al destruir Irak, destruyendo la ciudad patrimonio cultural que dice amar (qué mal chiste).
Dejo un breve testimonio fotográfico que da cuenta de esto que afirmo y que, como se podrán dar cuenta, no es exageración.











Claro, levantar la carpeta asfáltica preexistente es la parte más sencilla en la ejecución de una obra vial. Pero la complejidad de la "construcción" de la nueva pista, desde la sub base, la base y la carpeta asfática no pueden hacer de una obra un eterno transcurrir del tiempo. Con la existencia de un Expediente Técnico adecuado, esta obra tendría que haber estado concluida hace mucho tiempo.








Sin embargo, parece haberse suspendido la ejecución de dicha obra, quien sabe por qué (sería cuestión de averiguarlo y, seguramente, se generaría un verdadero escándalo). Espero, como cusqueño y como contribuyente, además, que esa paralización no afecte, al final, más aun los escasos recursos públicos que posee el Estado. Y es que esa paralización, de ser desfavorable para el Estado, generará costos como los denominados gastos generales y otros.





Obviamente, la ciudadanía cusqueña y los visitantes también se ven seriamente afectados por el abandono en que han quedado estas obras, toda vez que la ruta sencilla de antes no es más, pues ahora hay que tomar recovecos y rutas alternas que extienden mucho más el viaje, además de que lo hace menos seguro y más oneroso en combustible.








Indignación mayor cuando me di cuenta que el problema no se restringía a la entrada desde el Aeropuerto si no que continuaba entodo el trayecto. Lo que no entiendo es qué está haciendo la ciudadanía para exigir que esto se resuelva ya, que se reinicie la ejecución de la obra y que, por fin, termine este calvario, este infierno en las calles de la ciudad.
Al mismo tiempo, el turismo resulta seguramente muy afectado, pues la mala impresión que dejamos a nuestros visitantes por esta situación, reduce la grata sensación que les deja el Cusco pleno.
Y felizmente que es época de lluvias, pues en la temporada de secas, esto sí que es una nube de polvo y tierra.

miércoles, 24 de diciembre de 2008

Santurantikuy y Feliz Navidad

Es cierto que la Navidad es una festividad cúspide del consumismo, pero, a pesar de ello, y sin ser un creyente católico o cristiano, al menos no uno en el sentido ortodoxo,encuentro en esta fecha un pretexto perfecto para renovar la esperanza y fomentar la unión familiar. Claro, con esto no puedo dejar de manifestar mi contrariedad frente a la marea de filantropía que asalta de pronto, y solamente por estos días, los corazones más fríos y egoístas. De ese modo, por ejemplo, tenemos que en estos días la mendicidad infantil crece de manera exponencial (un ejemplo patético es el que se encuentra en la esquina de la Avenida Arequipa con César Vallejo en la ciudad de Lima). Aparecen de pronto niños y más niños que van a al caza de algún alma caritativa que le regale lo que ningún Papá Noel le regalará.

En fin, estos aspectos negativos los dejo para otro momento. En este post quiero dar unas impresiones sencillas sobre lo que significa para mí el tradicional Santurantikuy. Lo recuerdo desde niño, pues toda la población del Cusco se vuelca la mañana y tarde del día 24 de diciembre a la Plaza de Armas, donde se han instalado desde días previos diversos artesanos que ofrecen los más disímiles productos, incluyendo las conocidas "alacitas". Además, juguetes, como los camiones de madera que siempre anhelé y nunca llegué a tener, pasto para los nacimientos, y un largo etcétera del que me valgo para no evidenciar mi mala memoria. Mención principal merece el "Niño Manuelito", que no es más que el propio Jesucristo que nacerá cada 25 de diciembre y que es representado en diferentes formas y posiciones. Entre estos, destacan el niño sentado (en algunos casos, llorando con una espina incrustada en la planta del pie), en otros casos está echado. A veces viste trajes andinos propios de alguna comunidad campesina del Cusco.

Esta vez no he podido ir a pasar las fiestas a la tierra, así que este post es simplemente un esfuerzo de memoria.

Es interesante observar que en esta gran feria se encuentran como vendedores gentes de los diferentes grupos sociales, llegados además desde diferentes lugares. Siempre me llamó la atención la participación de campesinos que no celebran propiamente la Navidad, pero que si son parte de esta feria real maravillosa.

Les dejo algunas fotos del Santurantikuy de este año (cortesía de Roberto Latorre Sivirichi).


































sábado, 27 de septiembre de 2008

"El Nákaj", de Roberto Latorre Medina

Ante todo, creo que merecen, quienes lean este blog (hasta ahora no sé cómo hacer para contar las lecturas que se realicen), una explicación de este post: parece falto de modestia el publicar un cuento de mi abuelo, a quien ni siquiera conocí personalmente, pero que tuvo un rol importante en el Cusco de la primera mitad del siglo pasado. Es más, mi propio padre me decía que él no hacía nada en ese sentido, toda vez que no tiene mucho sentido que un panadero alabe su propio pan; razón no le falta. En fin, me desentiendo de la sensatez y, por ello, publico este cuento que fue recogido en una antología titulada "Narradores cusqueños", hecha por Rubén Sueldo Guevara y publicada, en su tercera edición, el año 1984.

Este personaje, El Nakaj, ha sido algo muy interesante para mí, en lo personal. Conocido en otros lugares como Pishtaqo. Intenté reescribir el cuento, trayendo al Ñaqaq a Lima en la persona de un migrante chumbivilcano y vengando el atropello a su amada por parte de un Diplomático. El cuento lo extravié y no he podido o no he querido volver a intentarlo.







Me parece francamente angustiante y, paradójicamente excitante, ese supuesto de saber que uno va a morir, tener la absoluta certeza, sin saber porqué.

domingo, 7 de septiembre de 2008

¿El Cusco para el mundo, pero no para los cusqueños?

He pasado un noche muy simpática en el Cusco, con paisanos en un Cafe Bar muy bonito, Base Men, pensado para cusqueños, fuera del centro de la juerga, diseñado y armado en función al turista. Siendo una ciudad turística es importante que, además de tener lugares para la pluralidad de turistas que llegan a ella, donde puedan divertirse y conocer ese centro del mundo, se entienda que es necesario también no perder la autenticidad de la vida de los cusqueños, su intimidad, su interioridad.

Entonces, no es incompatible que convivan en esa misma ciudad el cosmopolitismo y lo propio, lo local. Es decir, por un lado en el Cusco es innegable y hasta importante que —como actividad principal— sus ciudadanos —aunque ahora las actividades empresariales y comerciales tengan como titulares fundamentalmente a limeños y extranjeros— dediquen tiempo, creatividad e inversiones a explotar esa veta que nos ha legado el pasado. Pero, no menos importante es que los cusqueños —los residentes en la ciudad, oriundos o no—, puedan también seguir la vida libres de la inflitración de lo turístico, vivir la vida en lo auténtico, en lo sencillo, a salvo de ese mundo artificial que es un "destino turístico". Quizá esta idea sea contraria al pensamiento de cusqueños de vanguardia, como el escritor Luis Nieto Degregori, que ven el tursimo, justamente, la ventana que permite mirar el mundo; pero, en todo caso, no pretendo más que alcanzar una mirada crítica que nos permita no sucumbir y perdernos, diluirnos en la nadería de los encuentros del mundo, encuentros que, sin embargo, nos dejan fuera, sin mayores espacios para lo cultural, para lo artíctico, lo profesional, pues todo está pensado como enlatados a ser ofrecidos a nuestros ilustres visitantes.

Y, como sucede paradójicamente en este tiempo de globalización, en el que resurgen los localismos, los nacionalismos provincianos, apuesto en todo caso por una integración al mundo, sin perder nuestra propia esencia: ciudadanos del mundo, sí, pero también cusqueños cultos, orgullosos, pujantes, exitosos.

A mis 37 años, de los que vivo 20 años fuera del Cusco, he persistido en mis retornos frecuentes y en cada vez que volvía a pisar las calles de la tierra, encontraba nuevos lugares, muchos, pero todos en el centro de la ciudad y todos, pensados para el foráneo. Un primer caso excepcional fue el de la Oveja Negra, local de trovadores, uno de cuyos socios es Yuri Boluarte; desde ese local se tenía una vista espectacular de la ciudad, al mismo tiempo que podía compartirse una noche bohemia con canciones de esa corriente y gente agradable. Ahora, buenos años después, me doy con la grata sorpresa de este nuevo local, alejado completamente del centro, cuestión que celebro gratamente y alejado del estereotipo de lo folklórico que pesa sobre el quehacer cusqueño.

Claro, es mi impresión y, por supuesto, es lo poco que puedo haber conocido en mis tímidas incursiones en la noche cusqueña.

viernes, 5 de septiembre de 2008

Una vez más en el Cusco

Es realmente reconfortante volver a la paqarina. No solo el aire frío, la ciudad sumergida entre los cerros que la circundan. Esta vez vine solo, sin la familia. Y quizá por el difícil tiempo que vivimos, me encuentro más sensible. Todavía en el aire, anunciaba el piloto que empezábamos el descenso a la ciudad y pude observar una serie de montañas de cumbres nevadas. Horizonte de gélida ternura.
Al aterrizar, anunciaban nuestra llegada al Aeropuerto Internacional y aunque ler veo muy poco de internacional, no cabe duda que lo es, pues podía ver solo las naves de una empresa extranjera que, en la práctica, ha monopolizado el transporte aéreo. Y me ponía a recordar el anuncio del parlamento argentino que aprobaba hace pocos días la decisión de renacionalizar Aerolíneas Argentinas. Claro, los neoliberales dirán que eso es el inicio del fracaso, pero lo cierto es que en nuestro medio el transporte aéreo es prohibitivo para las grandes mayorías. Creo que ese campo debiera regularse de mejor manera.
Saliendo del Aeropuerto, me di con la ingrata sorpresa de que la avenida que conecta a dicho terminal con el centro de la ciudad está cerrada por obras, según me indicaron, desde mayo y los avances son francamente pobres, probablemente insignificantes. Espero que la obra que resulte de esos trabajos sea de calidad y dure razonablemente, pues seguramente solo en gastos generales los contribuyentes cusqueños están pagando cifras importantes.
Pero, fuera de esas cuestiones negativas, el aire me azotó con su frío reconfortante y el azul del cielo me devolvió los colores que la capital me ha quitado. Hasta este momento (22:25 horas) los ojos los tengo irritados, seguramente en parte por la sequedad del clima, pero fundamentalmente por la luminosidad de esta ciudad y sus parajes. ¡Hay tanta luz!
Por cierto, vine a dictar un curso de arbitraje y me encontré con un grupo humano con ansias de adquirir conocimientos, pero al mismo tiempo creo que es importante lograr mejores niveles de organización en todos los aspectos de la vida social, empezando, por ejemplo, con una organización idónea de los eventos de capacitación. Hay trecho amplio por recorrer, pero los caminantes están andando.

sábado, 16 de agosto de 2008

Oda a la irreverencia de Luis Nieto Degregori

El último libro de Luis Nieto Degregori es, desde mi punto de vista, uno de los mejores que ha escrito. Y marca un hito de mucha relevancia pues, hasta donde sé, es el primer escritor cusqueño que reinventa, desde el Cusco, a Lima, la intocable y capitalina Ciudad de los Reyes. De ese modo, hace lo que desde Lima se creía que era tierra prohibida, un dogma inasible para los "provincianos" y facultad exclusiva de la intelectualidad afincada en esta ciudad. Pues bien, Nieto ha roto ese criterio y ha demostrado maestría en ello, pues hace gala de sus dotes de gran observador y nos hace recorrer las calles de esta megalópolis como si se tratara de alguien que la conoce muy bien.

Sobre este particular, quiero destacar que en el blog de Amazilia Alba me encontré la entrevista que le hizo otro bloggero (Paucar) a este escritor (la que publico al final de este post). Además, están los comentarios que hace del libro Guillermo Salas.
No obstante, debo también mencionar, lamentablemente, a Javier Agreda (a quien leo por primera vez), quien hizo una crítica poco objetiva y más bien hepática al nuevo Libro de Nieto en La Primera, cayendo en acusaciones tales como que "la mayor debilidad de estas novelas es el escaso desarrollo de los personajes, construidos en base a los más gruesos estereotipos" e incluso que "El interés de Nieto por abordar nuevos ámbitos literarios lo ha llevado a incursionar en el universo urbano limeño, que acaso no conozca lo suficientemente bien. O que no resulta tan propicio para esta narrativa como el mundo andino, sus habitantes (la ya mencionada Ester es puneña) y ciudades; en especial Cuzco, donde transcurren las dos anteriores novelas de Nieto, muy superiores a las reunidas en El guachimán y otras historias". ¿Y el señor Agreda habla de "estereotipos"? Parece que él condenaría a escritores como Lucho Nieto, a quienes etiqueta como "andinos", a escribir solamente sobre el Cusco o, como máximo intento, sobre Puno. Y por supuesto, Lima es un espacio al que, mejor, los escritores de otras ciudades (por ejemplo, el Cusco) no deben intentar llevar a la ficción, pues no la conoce, no la dominan. Clichés impropios para una crítica literaria que se jacte de acertada. Si hay algo que puedo cuestionar en este libro es la inconsistencia en los tiempos, pues debe ambientarse (en sus tres historias) en los años 90 o incluso a comienzos de este nuevo siglo y, sin embargo, se hace referencia a los casetes que escucha el galán de las Ninochkas, quien, además, siendo un "mujeriego" con experiencia termina con sus amantes en lugares públicos como el cine Julieta o restaurantes; esto da la impresión de argumentos a penas hilvanados. Independientemente de ello, el resultado final es altamente positivo.

Pues bien, empiezo a transcribir mis impresiones respecto a estas novelas de Nieto.
1. La historia que le da el título al libro, es una historia que muestra la mirada, sorprendida y descubridora, de un "no limeño" (provinciano o nacido en esta ciudad pero absolutamente ajeno a ella) ante los misterios y contrastes de esa gran ciudad, esa ciudad en la que puede ver, desde fuera, el lujo y la belleza en sus estereotipos más occidentalizados. "¡Tanta plata que pasa por sus manos y no podía invitar a salir a la chica que más le gustaba...!", expresa el narrador.
Alejandrino, el protagonista de esa novela que es la menos lograda entre las tres, sufre el exilio en su propia patria, la fobia al migrante, irónico, que en nuestro país constituye la mayoría, el "tipo peruano":
"—¡Cholo estúpido! ¡Apestoso! [...]
"No son los arañazos los que le han dolido a Alejandrino, sino las palabras, esas palabras que lo hacen sentir inferior, indigno de esa muchacha a la que hasta hacía poco podía tratar de igual a igual".
Y la forma en que venga esa afrenta es introduciéndose por completo en esa cultura alienada por la cual la pigmentocracia a la que hace referencia Nugent dicta que cuanto más blanco, mejor. Se enreda, facilitando de ese modo su captura final, con una prostituta llamada Gretel a la cual, por su belleza, practicamente venera, aun a costa de los crueles desengaños que esta le propicia; esta chica, además, recuerda a la mujer de la que se enamoró el protagonista del cuento Alienación, de Julio Ramón Ribeyro: sueña con casarse con un gringo e irse de este país. Y Alejandrino, en cada contacto con ella, observa sus facciones de una diosa, el cuello fino y largo, su piel, sus manos. Le hace hasta un regalo, pero igual ella solo se beneficia de él.
Ahora, llega alfinal lo que tenía que suceder de todas maneras con un comportamiento tan temerario de un prófugo: lo capturan en una Sauna, con otra protituta, pero recorando siempre a su Laurita, la mujer que, siendo su igual lo despreció y lo impulsó a esa aventura.
El final que Nieto esculpe a esta novela es abierto y quizá ello haya mortificado a Agreda, pues nos da la impresión de que el "Cholo"se salió, a la larga, con la suya, pues tanto a la Policía como a la empresa de Seguridad, les ha hecho la jugada que Lima le hace a todos los ingenuos provincianos: una criollada. Y quizá al volver a gozar de su libertad, pueda realizar aun sus sueños.
2. La historia que me ha gustado más es la de Ninochka, en la cual Nieto se adentra en la técnica narrativa que hizo famoso a Vargas Llosa: el juego con historias, tiempos y personajes en paralelo. El lector se confunde con facilidad cuando hablan las Ninochkas, pues no se sabe cuál es en cada momento. Y eso le da a uno la impresión de ser el astuto Ricardo, el pendejo que se enreda con esas dos homónimas, el profesional que dejó los ideales de un mundo mejor en el olvido y le pone los cuernos al iluso Tito, que sigue creyendo y luchando por ellos. Creo que si hay estereotipos, son los mismos que arrastra Vargas Llosa cuando, utilizando su propia literatura, hace escarnio y burla de la gente de izquierdas, de los socialistas, de los inconformes con este mundo. Y claro, coincidencias o no, el pendejo y ganador de esta novela es el que "superó" aquellos dogmas, mientras que el perdedor, el cornudo es justamente el que le dice a la Ninochka clase mediera "¡Yo te quiero, amor! ¡Te quiero tanto que ni siquiera quiero arrastrarte a mi lucha! ¿Crees que no me doy cuenta de que es una batalla perdida? ¿Crees que no me siento prácticamente un dinosaurio? ¡Pero es mi batalla y tengo que pelearla! ¡Yo! ¡No tú! ¡Tú puedes hacer lo que más te guste!".
Es en esta novela que el narrador nos indica algo que ya estamos viendo y que, contradictoriamente, no gusta a la mayor parte de este Perú oficial: "Seguramente el cambio más importante es la nueva Lima, es que día a día está surgiendo en la periferia de la periferia". y claro, "¡Qué pocos son los limeños de pura cepa que conocen esa nueva Lima que ni siquiera figura en los planos".
3. En el caso de La mala conciencia se presenta con mucha fuerza ese desencuentro que marcó la vida de un cusqueño como Andrés Alencastre y que, a fuerza de ser más común de lo que puede creerse, es una descripción en pequeño del propio origen del Perú: un hombre que se enreda con una mujer a la que desea, pero de la que no cree correcto ni aceptable enamorarse, por su origen, por su procedencia. No obstante, el narrador nos muestra algunos vestigios de esta muy peruana realidad: "Es un puñado de casas a orillas de una hermosa laguna cordillerana. Unas son de indios, otras de mistis, pero para saber quién es quién en el pueblo hay que ser de allí. Todos, indios y mistis, tienen el rostro cetrino, la misma mirada torva, los mismos rasgos angulosos".
El sacerdote que protagoniza esta novela tiene esa personalidad contradictoria, por la cual le es posible enamorarse de Ester, pero, al mismo tiempo, por cuidar su situación, su opción de vida (no obstante su incoherencia vital), prefiere no involucrarse con ella y prefiere solamente llevar una vida doble clandestina.
Cque el reto para la literatura que se hace en el Perú es que Ester o las millones de mujeres que sufren ese drama real, tenga una voz en una pluma femenina y cetrina. Quizá de ese modo entendamos algo de ese gran secreto que es el corazón de ellas. Mientras tanto son simplemente pobres intentos.

jueves, 19 de junio de 2008

La búsqueda de la identidad propia

Antonio Zapata ha publicado un artículo titulado Caraz Dulzura, en el que afirma, entre otras cosas, que los pueblos del interior del Perú "están en busca de identidad propia. Ya no se reconocen plenamente en la historia nacional. Quieren encontrar su puesto y les interesa una nueva relación con el país. Esta vez construida desde su sitio". Y, según él, este proceso habría empezado hace unos sesenta años y cita como uno de los primeros trabajos, el realizado por Emilio Romero, Monografía de Puno. Además, sostiene que durante los últimos años, "este movimiento cultural ha dado un giro. La nueva orientación incluye la relación con la historia nacional. A las provincias no les interesa una historia por separado, sino saber qué puesto ocupan y cómo han influido en la historia peruana. Sus héroes locales son aquellos que han trascendido la patria chica y se han agigantado ante el país" (resaltado mío).

Interesante el punto de vista de Zapata, aunque no me parece del todo exacto, pues se pierde de vista el fuerte movimiento cultural, social y político que hubo en el sur andino desde los primeros años del siglo XX, tiempo durante el cual, incluso, se estuvo a la vanguardia de todos esos movimientos y claramente en la búsqueda de la historia propia, aunque quizá con un matiz más autonomista (aunque no desvinculado del país) del que apunta para hoy. Podría citarse para ello, por ejemplo, que en los años de oncenio de Leguía hubo un movimiento político muy intenso, que levantó las banderas del federalismo como rumbo de salvación del Perú. Asimismo, en 1924 se fundó la Revista Kosko, por Roberto Latorre Medina (mi abuelo), a través de la cual se difundió artículos periodísticos sobre arte, política, economía, etcétera. En dicha revista colaboraron José Carlos Mariátegui, Víctor Raúl Haya de la Torre, José Sabogal, entre otros intelectuales de renombre. Y trascendió el nivel local, pues se difundió en todos los departamentos del sur andino e, incluso, a través de la modalidad de canje, en Bolivia y Argentina. Esta revista fue la base del estudio "el Cusco del Oncenio. Un ensayo de historia regional a través de la fuente de la Revista 'Kosko'", publicado por José Tamayo Herrera el año 1989 , Universidad de Lima.

Por último, esta revista no fue la única, pues precedió a revistas como Amauta, La Sierra, Boletín Titikaka, Chirapu. De ese modo, no puede omitirse estos datos que, si no para la historia nacional, sí son relvantes para, por lo menos, la historia regional del sur andino.

viernes, 13 de junio de 2008

Expresión del Cusco

Transcurrían los años 90' y hubo alguna celebración, por la semana jubilar del Cusco, en la Alianza Francesa de Lima. A pesar de mi autoexilio, asistí y lo único que recuerdo de aquel día es la presentación de un grupo cusqueño que no conocía y que empezó a interpretar múscia andina, autóctona decían ellos, que me agradó mucho y entre los varios temas que interpretaron reconocí solo algunos, pues además precisaron que hacían música andina contemporánea. Me quedó la impresión de un grupo bastante original. Se autodenominaban Expresión (aparentemente su página web ya no está en la internet, espero que solo temporalmente). Lo siguiente que recuerdo es un nutrido grupo de paisanos que, a coro, pedían y casi exigían que ofrecieran el tradicional "Valicha". Frente a ello, el vocalista del grupo se disculpó, respetuosamente, pero indicó que no interpretarían ese tema (que en el colegio nos enseñaron que era, a pesar de que prácticamente no lo entendíamos, nuestro segundo himno), y se soltó un rollo en el que criticaba la forma en que se había estereotipado nuestra música sobre la base del Valicha. Y culminó señalando que la música cusqueña es mucho más. Volvieron a interpretar lo suyo.

Al tiempo, en uno de mis retornos a la tierra, en una peregrinación a Paucartambo, me encontré con alguno de los integrantes, al que, inmediatamente, abordé y ametrallé con preguntas. Me dijo que se presentaban con cierta regularidad en el Kamikaze, local de la noche cusqueña. Una vez en el Cusco me fui a verlos y conocí a otros de los integrantes. Fue una experiencia muy grata. Les perdí el rastro cuando habían publicado un segundo o hasta tercer trabajo. Luego no supe más nada, aunque según alguien me dijo, el grupo se había desintegrado.

Ahora, luego de más de 10 años de aquel encuentro, de aquel redescubrimiento del Cusco a través de la música, me puse a buscar en internet y econtré su página web, en la que solamente la variedad de instrumentos que presentaban era muy interesante, ya que incluían, entre otros, los casi desconocidos pinquyllos, aunque no los qanapinquyllos. Me encontré el video que pongo aquí.

A través de esta agrupación musical entendí que solo la cultura dinámica sobrevive y trasciende. El folklore no necesariamente es cultura viva y, muchas veces, es justamente lo contrario, al igual que el Valicha: una etapa que se congela y que pretende perpetuarse y que, en lugar de ampliar las fronteras de esa cultura, las restringe, se produce enlatados de consumo turístico, extrangulándola casi a muerte.


jueves, 5 de junio de 2008

La cultura combi y el análisis económico del derecho

No suelo leer el diario Correo, pero navegando me encontré un artículo en El blog del Morsa, en el que comentaba un editorial de Aldo Mariátegui, relacionado con el problema del transporte público. Dicho artículo me recordó, a su vez, un ensayo de Alfredo Bullard, profesor de Derecho, quien introdujo en la Universidad del Análisis Económico del Derecho (Law & Economics), titulado "Al fondo hay sitio, ¿puede el Teorema de Coase explicarnos el problema del transporte público?", en el que, en términos más sofisticados, se destacaba las ventajas de liberalizar el mercado del transporte público. Es más, recuerdo mucho que en clase se discutió al respecto y se plantearon las mejoras que se habían logrado en ese ámbito: mayor oferta, razón por la cual todos los usuarios podía viajar con comodidad; libre competencia, con lo que se generaban los incentivos necesarios para que se mejore el servicio y se sinceren los precios; nuevos puestos de trabajo, como choferes, cobradores y ese nuevo personaje de la geografía urbana: el jalador. Frente a esas notorias ventajas, saltaban algunos problemas que, con el tiempo claro está, el mercado corregiría: problemas de tránsito, mal servicio, unidades improvisadas. Pero no se corrigió nada y el panorama ha empeorado, realmente.

El artículo en Correo describe una realidad de los años 90, cuando se implementaron las medidas liberalizadoras: "Ahora vas sentado, extiendes la mano y ya tienes movilidad peleándose por llevarte, no te dan tanta vuelta por Lima y los pasajes no suben. Antes tenías que esperar un montón de rato en las esquinas a que se aparezca un desvencijado y cochino microbús para viajar apachurradísimo, mientras un troglodita aullaba sin cesar '¡Al fondo hay sitio, avancen, avancen, sencillo, sencillo!'. Y bajar a la mala, a la volada. Y éstos manejaban tan salvajes como las combis de ahora, con la diferencia de que los choques eran más letales. Cierto que existían los buses Enatru amarillos, pero sólo cubrían ciertas áreas, eran escasos y también ibas parado".
Esa realidad se quedó en esa década ya lejana y ha abierto espacio a una realidad menos auspiciosa en que ir sentado ya no es tan simple como entonces, con la diferencia de que las mismas combis (que ahora emulan todas a las antes denominadas "techo alto") han sido adecuadas para soportar algunos pocos —pero igualmente apretujados— pasajeros de pie, que nos recuerdan las sardinas que eran los pasajeros en los 80, solamente que en latas más pequeñas. Además, se ha perdido el mínimo de noción de orden que inspiraban en esa época los paraderos establecidos; hoy, los paraderos los dicta la "soberanía del consumidor" y estos quedan fijados de esa manera, pudiendo estar en cualquier lugar: bajan hueco (por las mallas cortadas en una barrera para evitar peatones cruzando pistas de alta velocidad), bajan esquina izquierda (pues la esquina de la derecha no es la única referencia para bajar cerca, muy cerca de donde cada quien vive), bajan piedra (pues no solo en las esquinas pueden parar las combis, si no donde se les antoje a los transportistas o a los pasajeros). Pero claro, todas estas combis respetan una norma y, para ello, tienen un letrero que indica —esto resulta de una ironía hiriente— que ese lugar —asiento, dicen— que da hacia la puerta en la que se cuelga, casi doblado en dos, el cobrador, anunciando la ruta y llamando pasajeros, es un lugar preferencial. Y, por supuesto, el volumen de la radio a todo dar, como para aturdir a todos los pasajeros y hacerlos escapar, alienados, de esa realidad miserable que tienen que soportar.

Es indudable que no se puede elogiar el sistema de transporte público que tuvimos hasta los 80', a pesar de que añoro los pocos buses sobrevivientes de los 90', como los ENATRU o la 23 y la 31 de Translima, pero tampoco podemos seguir engañados con que el mercado, esa mano invisible, regulará, por sí solo, sobre la base de la oferta y la demanda, este reino caótico que se generó con la liberalización del transporte (hubo un intento de alguna empresa de dar un servicio de primer nivel en buses que tenían hasta televisor y que hacían la ruta desde la Universidad San Marcos, pasando por la Universidad Católica y hasta llegar a la Universidad de Lima, pero por los costos del pasaje, dicha experiencia naufragó en el asfalto de la indiferencia a los pocos meses). El mercado requiere, para funcionar, de una adecuada regulación social o, por lo menos, estatal. Estamos en un círculo vicioso que hace que las unidades estén en condiciones abominables y se atribuye eso al costo del combustible, entre otros, así como a la negativa de los consumidores a pagar un precio mayor, que no se da solamente porque se tiene conciencia de que el costo es ese, sino porque, francamente, la gente no tien cómo pagar más.

Es tiempo de que se empiece, con seriedad, a regular este ámbito de la vida social que resulta imprescindible: ordenar las cosas, efectuar los estudios necesarios para saber qué tipo de unidades se requieren (presumo que debieran ser omnibuses y no la plaga de los microbuses), hacer de este servico un campo en que el civismo empiece a reconstruirse.

Es más, lo que ha hecho la cultura combi que Lima exporta hacia el resto del país es francamente calamitoso. En el Cusco, los pocos buses que prestaban el servicio hasta los 80' e incluso parte de los 90' tenían similares problemas que aquí en Lima, pero, a pesar de ello, la avenida de La Cultura hacía gala de su nombre y habían paraderos establecidos implícitamente y que, tanto transportistas como pasajeros, respetaban. Hoy la misma avenida debiera sincerar su nombre: de "La Cultura Combi". Los paraderos, esa isla del civismo, son cuestión del pasado. Frente a la unidad vecinal en que vive mi familia, no solo sigue la señora que vendía ponche de habas todas las noches, sino que se ha instalado un paradero en el que innumerables combis atrofian el tránsito libre, lo que ha permitido la instalación de casi un mercadillo permanente. Si bien en la ciudad del Cusco no se requerirían grandes autobuses, sí debiera regularse el que las empresas de transporte utilicen buses de tamaño medio, por ejemplo. Quizá así aquella avenida vuelva a lucir bien. ¿Podremos ordenar de alguna manera el caos en el que nos movilizamos?